miércoles, 22 de agosto de 2018

Valverde de la virgen - Santibáñez de Valdeiglesias (25 km)

El Francés es un camino de encuentros efímeros. En el albergue de hace un par de días, conocí a un chico italiano con el que compartí parte del camino la mañana siguiente. Sin embargo, él acabaría etapa en León. 

Ayer, conocí en el albergue un grupo de italianos con los que cené, pero que hoy terminaban etapa 5 km antes que yo. Al igual que unos peregrinos que conocí en el camino esta mañana.

Esa flexibilidad de albergues que te da este camino, te la quita en convivencia. Siendo un poco complicado estar mucho tiempo con la misma gente. 

Hablamos de que hoy, por ejemplo, duermo en un pueblo muy pequeño que cuenta con dos albergues. Pero es que el pueblo de mañana, cuenta con cinco. De ahí que incluso coincidiendo en etapas, cueste coincidir en el albergue.

Sin embargo, hay que reconocerle al Francés que, para bien o para mal, mucha gente de los pueblos se vuelca en el camino. 

Digo para mal, porque este río de gente despierta cada vez más intereses económicos de los que prefiero no hablar en este blog. Pero digo para bien, porque te cruzas con gente, que en lugar de decirte "buenos días", te anima diciéndote "buen camino" (algo que no pasa en el Vadiniense).

O por ejemplo hoy, que llama mi atención este cartel fileteado (estilo de pintar típico de Buenos Aires)

Y te encuentras con un argentino de Pergamino que te invita a tomar mate.

O pasas por un pueblo y un señor te ofrece un trozo de sandía fresca y te pregunta qué tal vas.

Esa "cultura del camino" que tiene la gente que lo rodea lo hace especial.

También en lo que al peregrino se refiere, que siendo tantos y de sitios tan distintos, cada uno lo vive a su modo. En el más amplio espectro de la expresión.

Y, por supuesto, en los albergues. Donde hoy no tengo piscina, pero estoy en una casa parroquial donde en su patio se respira paz.

Con este "camino por excelencia" como lo definió un hospitalero con el que hablé hace unos días, guardo una relación de sentimientos encontrados. Ha sido para mí (como para muchos que estoy conociendo) el primer camino, y una bonita introducción al peregrinage. Pero cuatro caminos después, lo veo con otros ojos. Decía Sabina que al lugar donde uno ha sido feliz no debería tratar de volver.

Sin embargo, seguiré buscando en estos días de epílogo del Vadiniense, disfrutar de todo lo especial que ofrece este camino. Que como dije, no es poco.


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