Hoy he pagado el esfuerzo de ayer. Pese a que la etapa era sencilla, sentía las piernas pesadas y no podía caminar al ritmo habitual.
Quitando algunos lugares concretos, hoy no ha habido más que largos caminos sin sombra. Lo que ha hecho un poco monótono el día.
Un detalle que me llamó la atención, es que en esta etapa el camino se cruza con el camino "antiguo", también llamado de la montaña. Que había barajado hacer también este año saliendo desde Bilbao.
Otro momento bastante impactante, es que saliendo de un pueblo, te encuentras que el camino da a un cementerio, que tienes que bordear para poder seguir.
Pero aparte de todo lo anterior, la etapa resultaba monótona, por lo que empecé a leer sobre Gradefes y los servicios que tiene. Mi guía ponía que tiene algunos bares pero que ninguno daba comidas, que para comer había que ir a un hotel a 1'2 km del pueblo (2'4 km ida y vuelta, 4'8 km si iba a almorzar y a cenar). Pensé en hacerme de comer en el albergue, pero siendo hoy domingo estaba todo cerrado...
La cuestión es que empiezo a mirar el hotel y el precio era lo mismo que me costaron los hostales de Riaño y Portilla. Pero, lo más importante del hotel era esto:
Sí, decidí regalarle esto a mis piernas para recuperarme mejor de cara a los 5 días que me quedan en el camino Francés.
Además, era probable que volviera a encontrarme solo en el albergue, lo que me resulta bastante deprimente.
Mañana, volveré a la realidad de etapas largas, peregrinos y albergues. Hoy tocaba descansar.
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