martes, 14 de agosto de 2018

Lafuente - Potes (26 km)

Hoy he tenido que volver a las raíces, a 10 años atrás, cuando era un peregrino al que no le importaba el tiempo ni la distancia. A aquel primer camino en el que me tumbaba en mitad de un prado o debajo de un árbol, cuando me daba lo mismo llegar anocheciendo a un albergue; cuando disfrutaba y vivía el verdadero camino.

Quizás todo es un reflejo del día a día. Te acostumbras a cumplir unos horarios, unos objetivos y llegas aquí con esa dinámica.

La realidad es que hoy a las 12 de la mañana, había hecho sólo 10 km y sentía que no podía más. La etapa tuvo un comienzo durísimo de subidas por montaña y para colmo al salir del pueblo, me dí cuenta que no llevaba la cantimplora, por lo que tuve que volver al albergue.

Lleva conmigo desde el primer camino y no iba a dejarla atrás.

El caso es que tuve que detenerme en un pueblo a mitad de etapa y me encontré con Nicolai, un peregrino bielorruso con el que coincidí ayer. Me dijo, en Potes el albergue es grande, no hay prisa por llegar...

Fue entonces cuando cambié de mentalidad. Dejé de mirar el reloj y los kilómetros que faltaban, y me dediqué a escucharme. Empecé por sentarme en un bar del pueblo a comer algo. Me traté los pies, tomé algo para el dolor e hice todo lo que pude para reponerme. La verdad es que noté el cambio nada más salir y el resto del día se me hizo mucho más ameno.

Me tomé el día con mucha más calma y pude disfrutarlo sin mirar el reloj ni la distancia.


Llegué más tarde de lo habitual al albergue, pero no me importó. Lo que sí me importó es que llegué, entero y habiendo disfrutado del día.

1 comentario:

  1. Ainssss, pobreeee...!! Menos mal q tú sabes ser práctico y finalmente supiste sacarle partido , cm siempre, al día. Preciosas las imágenes y bonito día a pesar de la dureza del inicio del camino. Mucho animo, Gastón!!😘😘

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