Salir de Riaño fue tanto o más espectacular como la llegada de ayer. Cruzar el pantano por un puente y ver cómo amanecía, ha sido de las mejores estampas del camino.
El resto de la etapa, pese a que empezó con algunos kilómetros de carretera, luego tomó una calzada romana.
Para poder aguantar una etapa tan larga, decidí parar cada 5 o 7 km, aprovechando que había varios pueblos. En uno de ellos incluso, pude ver un torneo de bolos.
Otro punto a favor de la etapa, es que en todo momento va paralela a un río. Incluso cuando la calzada romana sube una pequeña montaña.
En los kilómetros finales, se pasa junto a una antigua mina de carbón abandonada.
He finalizado la etapa muy cansado aunque no con dolores importantes. Mañana la etapa es de unos 22 km y no tiene demasiadas complicaciones, por lo que espero poder reponerme del todo.
Ya en el albergue, me he encontrado totalmente sólo al no haber más peregrinos. Es posible que mañana sea igual, pero en la siguiente etapa enlazo con el camino Francés y habrá peregrinos por doquier.
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