domingo, 26 de agosto de 2018

Camino Lebaniego - Vadiniense - Francés (330 km). Resumen


Habiendo sido este camino una mezcla de tres, quizás resulte complicado resumirlo. Quizás lo mejor sea dejar el propio relato de las distintas entradas como resumen, ya que ello retrata fielmente la evolución de todo este viaje.

De lo que sí me parece interesante hablar es de lo que supuso en general este camino para mí.

Si al terminar el camino del Salvador decía tener un horizonte mucho más amplio al demostrarme que no todos los caminos tienen que llegar a Santiago; hoy llego a la conclusión (sin ponerlo aún en práctica) de que no todos los caminos deben andarse de forma continuada o por la ruta oficial.

Por desgracia, y como ya dejé entrever en alguna publicación, el camino a veces está regulado por intereses comerciales. Esto hace que (en algunas ocasiones) los "trazados oficiales" pasen por según qué lugares basándose sólo en fomentar el turismo, sin importar tanto el sendero que tiene que recorrer uno como peregrino para llegar hasta allí. Digo esto porque, por ejemplo, en la etapa de Portilla de la Reina a Riaño, de los 20 km que tiene de recorrido, 19 km son por una carretera sin arcén. O, por poner otro ejemplo, la llegada a Portilla por una carretera similar de 10 km por camino de montaña, en la que te arriesgas en cada curva a que un choche no te vea.

Todo esto lo he ido debatiendo con varios peregrinos en los últimos días de camino. Al final, esta es una experiencia tan personal, que ninguna asociación, organismo, institución o credo puede decirte exactamente por dónde ir y cómo hacerlo. El camino va dentro de uno, somos cada uno de los peregrinos que caminamos. Por dónde pasemos, dónde empecemos o hacia dónde vayamos, debe ser una decisión puramente personal. De ahí, que en futuros caminos, revisaré de forma un poco más meticulosa por dónde pasan los trazados y si hubiera variantes; no tanto que acorten etapas, si no que resten peligros innecesarios e impropios de este tipo de viaje.

Por otro lado, creo haberme reconciliado con el camino Francés. Quizás no sea justo tachar de comercial a un camino de más de 900 km, por lo que ocurre en los últimos 100. Los peregrinos y hospitaleros que me he ido encontrando en los últimos días me han ayudado mucho a aprender a valorarlo y descubrir tantas cosas especiales que tiene y que todavía me quedan por descubrir.

Tal es así, que uno de los próximos caminos que me planteo es el Francés. Mi idea es iniciarlo en Francia en Saint Jean Pied de Port y finalizarlo en Burgos, siendo etapas más solitarias y cargadas de historia y tradición.

Como cierre, quiero compartir un último recuerdo que se me quedó en el tintero tras publicar la última etapa hasta Ponferrada.

Cuando llegué al albergue, el hospitalero me permitió ducharme y pasar la tarde en el patio aunque no fuera a dormir allí. Estando sentado escribiendo en el blog, se me acercó una peregrina que conocía de vista y empezó a charlar conmigo. Al rato se sumó otro peregrino con el que también estuve charlando otro rato. Dio la casualidad que, uno de los peregrinos del albergue que ellos conocían, cumplía años y me pidieron que me acercara y lo celebrara con ellos. Empezaron a charlar conmigo, a presentarse y a preguntarme de dónde venía. Así pasé las últimas horas de mi camino, viviendo lo que tanto había echado en falta días atrás. Charlando con otros peregrinos, compartiendo risas, experiencias y consejos del camino. 

Al despedirme, muchos lo hicieron con un abrazo y deseándome lo mejor, como si hubiera llevado muchos días caminando con ellos. 

Con este recuerdo tan bonito cerré un camino tan duro como hermoso. En el que he vivido todo tipo de experiencias que me han ayudado a madurar más como peregrino.

Muchas gracias de corazón a todos los que me han leído y animado en estos días e incluso antes de empezar a caminar. Gracias por haber caminado conmigo una vez más.


viernes, 24 de agosto de 2018

Rabanal del camino - Ponferrada (31 km)

La etapa de hoy fue preciosa. Nada más empezar, una subida de 5 km hasta la Cruz de Ferro para poco después alcanzar los 1.500 m, la cota más alta de todo el camino Francés.

Tras esto, unos 10 km cuesta abajo por caminos de piedras empinados. Pero con vistas, lugares y pueblos increíbles.

Cuando todo ese descenso finaliza, llego a un lugar del que me habían hablado en "La casa de los dioses". Un italiano me dijo: "todo ese descenso, tiene su recompensa".

Este pueblo llamado Molinaseca, cuenta con un río en el que uno puede bañarse y relajarse en un cesped cercano. Como hoy ha sido el último día, decidí pasar un par de horas allí disfrutando del lugar.

Y tras sólo 6 km en llano, vuelvo a Ponferrada, el lugar donde todo empezó.

Hace diez años llegaba a este albergue con un amigo, un chico que no sabía lo que estaba apunto de ocurrir. Era el comienzo de una historia de amor hacia esta forma de viajar, de relacionarse y de vivir que tiene este viaje. Una historia que llega hasta hoy y que cumple su quinto camino. 

Ha sido una sensación inmensa volver aquí y me he emocionado igual que si hubiera llegado a Santiago.

Luego, publicaré el resumen del viaje.

jueves, 23 de agosto de 2018

Santibáñez de Valdeiglesias - Rabanal del camino (32'2 km)

Quien ve una guía del camino, puede ver que saliendo de Santibáñez no hay nada en 8 km hasta San Justo de la Vega. Pero estando hace unos días en Portilla de la reina, conocí a un ciclista de San Justo, que me habló de un lugar cercano. Un lugar llamado "La casa de los dioses".

Este lugar fue creado hace nueve años por un hombre llamado David y que tuve la suerte de conocer. Él ofrece fruta, zumo, té, leche, galletas y todo tipo de alimentos al peregrino, sólo a cambio de un donativo. Entre las muchas cosas que tenía, estaba el mate.

Es un lugar tan mágico, que pasé cuatro horas allí. Sin importarme que sólo hubiera hecho sólo 8 km de los 32 que me tocaban hoy.

Y si ayer hablaba de encuentros efímeros, tengo que decir que hoy en este lugar, pude reencontrarme  con todos (sí, todos) los que ayer mencionaba que había conocido días atrás, pero de los que había tenido que despedirme. Además de otra gente que pude conocer, entre ellos varios argentinos que se acercaban al verme tomando mate.

Además de los reencuentros, conocí a Teresa, una mujer que estaba pasando allí unos días y que lleva 20 años haciendo el camino y trabajando en ocasiones de hospitalera. Cuándo me despedí, me dijo, tú pareces entender y mantener la escencia del camino, no la pierdas nunca. Y me acompañó unos metros cantándome el Ultreia (http://www.radiocaminodesantiago.com/sabes-que-significa-ultreia-et-suseia/).

Tras unos kilómetros llegué hasta Astorga, donde pude ver brevemente sus monumentos.

Al salir de la ciudad, me encontré con una señora danesa que conocí en un albergue días atrás y con la que pude compartir los 20 km restantes de etapa. 

El albergue de hoy, tiene una decoración increíble. Es una antigua cabaña rehabilitada.

Como dije, este camino Francés tiene cosas maravillosas que disfrutar aunque no siempre consiga llenarme. Otra cosa que me dijo Teresa al despedirse fue: "no pierdas la fé en este camino, seguimos habiendo muchos que hacemos que aún merezca la pena". Y tras todo lo vivido en aquel lugar, no puedo evitar darle la razón.


miércoles, 22 de agosto de 2018

Valverde de la virgen - Santibáñez de Valdeiglesias (25 km)

El Francés es un camino de encuentros efímeros. En el albergue de hace un par de días, conocí a un chico italiano con el que compartí parte del camino la mañana siguiente. Sin embargo, él acabaría etapa en León. 

Ayer, conocí en el albergue un grupo de italianos con los que cené, pero que hoy terminaban etapa 5 km antes que yo. Al igual que unos peregrinos que conocí en el camino esta mañana.

Esa flexibilidad de albergues que te da este camino, te la quita en convivencia. Siendo un poco complicado estar mucho tiempo con la misma gente. 

Hablamos de que hoy, por ejemplo, duermo en un pueblo muy pequeño que cuenta con dos albergues. Pero es que el pueblo de mañana, cuenta con cinco. De ahí que incluso coincidiendo en etapas, cueste coincidir en el albergue.

Sin embargo, hay que reconocerle al Francés que, para bien o para mal, mucha gente de los pueblos se vuelca en el camino. 

Digo para mal, porque este río de gente despierta cada vez más intereses económicos de los que prefiero no hablar en este blog. Pero digo para bien, porque te cruzas con gente, que en lugar de decirte "buenos días", te anima diciéndote "buen camino" (algo que no pasa en el Vadiniense).

O por ejemplo hoy, que llama mi atención este cartel fileteado (estilo de pintar típico de Buenos Aires)

Y te encuentras con un argentino de Pergamino que te invita a tomar mate.

O pasas por un pueblo y un señor te ofrece un trozo de sandía fresca y te pregunta qué tal vas.

Esa "cultura del camino" que tiene la gente que lo rodea lo hace especial.

También en lo que al peregrino se refiere, que siendo tantos y de sitios tan distintos, cada uno lo vive a su modo. En el más amplio espectro de la expresión.

Y, por supuesto, en los albergues. Donde hoy no tengo piscina, pero estoy en una casa parroquial donde en su patio se respira paz.

Con este "camino por excelencia" como lo definió un hospitalero con el que hablé hace unos días, guardo una relación de sentimientos encontrados. Ha sido para mí (como para muchos que estoy conociendo) el primer camino, y una bonita introducción al peregrinage. Pero cuatro caminos después, lo veo con otros ojos. Decía Sabina que al lugar donde uno ha sido feliz no debería tratar de volver.

Sin embargo, seguiré buscando en estos días de epílogo del Vadiniense, disfrutar de todo lo especial que ofrece este camino. Que como dije, no es poco.


martes, 21 de agosto de 2018

Puente de Villarente - Valverde de la virgen (23'9 km)

Creo que no hay mejor manera de empezar esta entrada, que mostrando esta foto.

Sí, hoy llegué a León a media mañana. Aunque no finalicé ahí la etapa, la recorrí tranquilo y fui a los lugares que más suelen gustarme. Entre ellos, la despensa de Lorenzo para comprar cecina.

Tras recorrer un poco el centro, retomé el camino hasta llegar a la iglesia de San Marcos. Dónde se encuentra un monumento precioso a los peregrinos.

A sus pies, una placa que marca el desvío al camino del Salvador. Justo donde me encontraba un año atrás.

Los 12 kilómetros restantes distaron mucho en belleza con la ciudad en sí. Pero el albergue en el que estoy (que también tiene piscina, aunque pequeña), es un pequeño oasis en este mar de asfalto y caminos de tierra.

lunes, 20 de agosto de 2018

Gradefes - Puente de Villarente (25 km)

Hoy se ha acabado el camino Vadiniense y empiezo la parte del Francés.

Aproveché que pude descansar bien para levantarme temprano e intentar ahorrarme horas de calor si la etapa se alargaba.

La verdad es que los primeros kilómetros dejaron bonitas estampas de campos de trigo y girasoles.

La etapa original, va hasta Mansilla de las Mulas. Pero hay una variante que baja en diagonal hasta el pueblo en el que estoy. Esta variante, alargó la etapa de hoy unos 2 km, pero hace que te ahorres unos 6 km de la siguiente. 

Otro motivo por el que la elegí, es que se llama ruta de los monasterios. Por lo que resultaba más interesante y entretenida.

Sin embargo, los últimos 10 km transcurren por largos caminos bajo el sol.

Tras esto, te encuentras con la última indicación del Vadiniense, para cruzarte con el Francés.

Tengo que decir, que he renegado durante mucho tiempo del camino Francés por lo masificado que está. De ahí que empezara a hacer caminos más solitarios. Pero hay que reconocer, que ofrece cosas que otros caminos no (precisamente por esa masificación).

Hablo, por ejemplo, de una red de albergues mucho mayor. Lo que te permite ir cambiando la planificación de etapas sobre la marcha según cómo te veas físicamente. 

O, por poner otro ejemplo, lo que me he encontrado hoy...

No, no es la foto de ayer. Es un albergue con piscina por 5€. 

Toca volver a cambiar el chip y disfrutar de lo que me ofrece otro tipo de camino. Que, tras todo lo que he pasado, es de agradecer.

domingo, 19 de agosto de 2018

Cistierna - Gradefes (22 km)

Hoy he pagado el esfuerzo de ayer. Pese a que la etapa era sencilla, sentía las piernas pesadas y no podía caminar al ritmo habitual.

Quitando algunos lugares concretos, hoy no ha habido más que largos caminos sin sombra. Lo que ha hecho un poco monótono el día.

Un detalle que me llamó la atención, es que en esta etapa el camino se cruza con el camino "antiguo", también llamado de la montaña. Que había barajado hacer también este año saliendo desde Bilbao.

Otro momento bastante impactante, es que saliendo de un pueblo, te encuentras que el camino da a un cementerio, que tienes que bordear para poder seguir.

Pero aparte de todo lo anterior, la etapa resultaba monótona, por lo que empecé a leer sobre Gradefes y los servicios que tiene. Mi guía ponía que tiene algunos bares pero que ninguno daba comidas, que para comer había que ir a un hotel a 1'2 km del pueblo (2'4 km ida y vuelta, 4'8 km si iba a almorzar y a cenar). Pensé en hacerme de comer en el albergue, pero siendo hoy domingo estaba todo cerrado...

La cuestión es que empiezo a mirar el hotel y el precio era lo mismo que me costaron los hostales de Riaño y Portilla. Pero, lo más importante del hotel era esto:

Sí, decidí regalarle esto a mis piernas para recuperarme mejor de cara a los 5 días que me quedan en el camino Francés.

Además, era probable que volviera a encontrarme solo en el albergue, lo que me resulta bastante deprimente.

Mañana, volveré a la realidad de etapas largas, peregrinos y albergues. Hoy tocaba descansar.