La etapa de hoy ha sido difícil, muy larga y agotadora.
Pero me he tomado el día para mí. Fuí el último en salir del albergue y decidí pasar la etapa de hoy sólo, sin encontrarme a nadie.
Después de unos días compartiendo momentos con todos los peregrinos, necesitaba volver a esa soledad y esa paz que vine buscando.
Pero esta vez es distinto, es una soledad elegida, un aparte que me tomo a raíz de una necesidad. Lo que siempre les cuento; pensar, caminar y, en parte, sufrir. De esto último ha habido bastante hoy.
No sólo la etapa esta ha sido dura, además han estado las tres anteriores de montaña y hoy he acabado ya sin fuerzas.
Tras empezar con 5km en llano a 500m, los 5 siguientes fueron subida hasta los 900m, siendo el mayor desnivel de toda la Vía de la Plata. Luego interminables rectas entre campos, tramos de carretera y una última subida con su correspondiente descenso. Pero estoy aquí, y eso es lo que importa.
Y estoy bien, un poco triste porque hoy me he despedido de un peregrino búlgaro con el que llevo coincidiendo desde que empecé, y que ha decidido acortar la etapa e ir a un ritmo menor. Es un hombre de 61 años que viene caminando desde Sevilla y que tiene las rodillas operadas, otro ejemplo de que el que quiere puede hacer el camino.
Mañana me espera una etapa tranquila de pocos kilómetros a Ourense con la que espero recuperarme un poco y llegar pronto para disfrutar de la ciudad. Va a ser raro volver a ver un semáforo casi 300km después.
Un saludo a todos y gracias por seguirme y dejarme comentarios de ánimo, me ayudan más de lo que creen.
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