Y el sueño se hizo realidad. Después de 13 días sufriendo a base de cuestas, lesiones, lluvia, cansancio, frío y calor, el viaje llega a su fin en su etapa más corta, apenas 5km. Más que etapa es un paseo que bien recuerda la última etapa del Tour en la que ya está todo decidido, pues así entramos nosotros en Santiago. Victoriosos, orgullosos, de noche y, a medida que avanzábamos, amanecía. La ciudad nos esperaba nublada y con lluvia, gotas que en el rostro se convirtieron en lágrimas de emoción al ver aquella enorme catedral. Un gran premio a un gran esfuerzo que invita a tumbarse en la plaza del Obradoiro a admirar el paisaje.
Poco después fuimos a desayunar gratis al hotel de los Reyes Católicos y luego a recoger nuestras compostelas. A las 12 la misa del peregrino (con Botafumeiro incluido) y después a despedirnos de los demás peregrinos y emprender rumbo a la estación de autobuses.
El viaje llegó a su fin y, después de haber estado a punto de retirarme por las lesiones, sólo puedo agradecer uno por uno a los que me apoyaron.
A Aurori por todos sus mensajes de ánimo, a Tamara por cuidarme y soportarme, a Franzisca por tratarnos tan bien y ser como nuestra madre en el camino, a Mario por sus mensajes a media mañana y por recogernos a la vuelta, a mis padres por haberme apoyado, a Maite por quererme tanto, a todos los demás peregrinos que nos enseñaron algo y, por supuesto, a Fernando que ha sido como un hermano y supo cuidarme en los momentos más duros. Todos ustedes me ayudaron a caminar, todos me acompañaron cada día, todos, aquel domingo 11 de septiembre, entraron conmigo en Santiago.